Nuestra posición

Posición de ARBA frente a la crisis climática

El cambio climático es el reto global más importante a los que se enfrenta la humanidad. Otros desafíos como las migraciones, la alimentación de la humanidad, la escasez de agua, la pérdida de biodiversidad se agravarán enormemente si no mantenemos la temperatura media del planeta en un entorno cercano al actual.

La acumulación en la atmósfera y océanos de las ingentes toneladas de CO2 vertidas por la quema de combustibles fósiles de los últimos siglos, más agudizada en los últimos 80 años y el cambio de usos de la tierra con enormes deforestaciones, está determinando un disparo de la concentración de CO2 de consecuencias imprevisibles que ya está afectando a nuestro entorno.

Nada indica que este asunto se esté abordando con la diligencia que merece su gravedad. El CO2 ya emitido permanecerá en la atmósfera cientos o miles de años. Se trata de poner medios urgentemente para no empeorar una situación cuyos efectos desastrosos ya comienzan a ser visibles.

Uno de los elementos vitales del planeta que se verá afectado por el calentamiento global es la vegetación. Ya se empiezan a vislumbrar estos efectos, principalmente en forma de plagas, más frecuentes y amplias, estrés hídrico e incendios. Existe una ingente cantidad de estudios y de literatura científica que testimonian el deterioro.

Desde ARBA abordamos cualquier amenaza a la vegetación natural con preocupación y por ello prestamos atención a la crisis climática que se está desarrollando

Pero no todo son malas noticias. Muy recientemente se ha abierto una senda de esperanza porque empiezan a aparecer soluciones técnicas viables y económicas de generación de energía renovable con menores costes que mediante los métodos clásicos de combustión de gas, carbón o petróleo. Tan pronto como se cambien las políticas energéticas actuales, se conseguirán importantes reducciones de las emisiones de CO2 y otros contaminantes logrando, además del beneficio ecológico y de salud pública, crear nuevos puestos de trabajo y un importante ahorro que revertirá en la sociedad.

Se trata de un movimiento de renovación energética disruptivo a nivel global y España debe asumirlo cuanto antes e introducirlo en su planificación energética por los beneficios ambientales, de salud y económicos inherentes.Por esta razón desde ARBA solicitamos una revisión urgente y radical del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030 (PNIEC), presentado en febrero por el Gobierno a la Comisión Europea y aún en borrador, porque, lejos de dar solución a la emergencia climática, prolonga injustificadamente la dependencia energética exterior, manteniéndola aún en un elevado 60 % en 2030, promueve alcanzar en 2030 un 42% de generación renovable cuando la cuarta parte de los países europeos ya alcanzan ese nivel en 2019 y ambiciona una reducción de CO2 en 2030 del 20% con respecto a los niveles de 1990, cuando las del resto de países europeos serán del 40% como mínimo.

Todos estos argumentos y más, con sus referencias, se desglosan en el documento que puedes descargarte aquí.

NOTA DE PRENSA