• En menos de dos años se han tramitado más de 50 proyectos de megaproyectos fotovoltaicos en el entorno del sureste de la Comunidad de Madrid.
  • La totalidad de la superficie, más de 10.000 hectáreas, es suelo agrícola en producción.
  • Los colectivos ecologistas Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono, Asociación Ecologista del Jarama “El Soto”, Grupo de Acción para el Medio Ambiente, Jarama Vivo y Liberum Natura piden una moratoria y una planificación justa. En ese sentido exigen que los proyectos se distribuyan por el municipio de Madrid ciudad y el área metropolitana noroeste, las principales zonas consumidoras de energía.

26 de febrero de 2024. En la Comunidad de Madrid la demanda de energía supera ampliamente su capacidad de producción, alcanzando apenas un 5% de autoabastecimiento. En un contexto de emergencia climática en el que es prioritario descarbonizar la economía, debería valorarse positivamente la implantación de proyectos de generación de energía renovable en la región. Sin embargo, el sobredimensionamiento, la concentración de proyectos en determinadas zonas y el proceso especulativo en que ha caído el sector resultan inasumibles para los colectivos ecologistas Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono (ARBA), Asociación Ecologista del Jarama “El Soto”, Grupo de Acción para el Medio Ambiente (GRAMA), Jarama Vivo y Liberum Natura.

Estas asociaciones han firmado el “manifiesto de los movimientos sociales de base sobre la proliferación de proyectos de producción de energía fotovoltaica en el sureste de Madrid, oeste de Guadalajara, oeste de Cuenca y norte de Toledo”.

El manifiesto critica la avalancha de proyectos en tan solo dos años. En ese periodo, se han tramitado más de 50 proyectos que abarcan una superficie superior a 10.000 hectáreas, en la zona de estudio. Estos proyectos se concentran en zonas rurales, sobre los últimos suelos agrícolas de secano en producción que van quedando. Es el caso del Valle del Tajuña, en el sureste de la Comunidad de Madrid, la alcarria de Guadalajara, al suroeste de la provincia  o La Sagra, en el norte de Toledo y sur de la región madrileña. Esta acumulación de proyectos, muy próximos, genera el conocido efecto sinérgico (suma de impactos de todos los proyectos) que a juicio de los firmantes no se valora adecuadamente ni por el Ministerio para la Transición Ecológica, ni por las comunidades autónomas, ni por los ayuntamientos.

Para las asociaciones pequeñas que carecen de personas especializadas y de capacidad para contratar servicios externos, es imposible hacer frente a estos procesos que las desbordan. Por ello, exigen una planificación previa.  

El desequilibrio territorial es otro grave problema asociado a la dinámica de no planificación de proyectos de energías renovables. Quien más energía consume son las grandes ciudades y sus áreas metropolitanas, el ejemplo más evidente es la ciudad de Madrid que consume el 50 % de la energía total de la región. Si se le suma los arcos metropolitanos norte y sur, el porcentaje asciende al 91 %. Sin embargo el consumo energético del sureste, donde se concentra la mayor parte de los proyectos es de un 3 % del total. Es decir las zonas rurales, agrícolas del sureste madrileño se convierten en las zonas de sacrificio del despilfarro energético metropolitano. 

Alternativas a las zonas de sacrificio

Por ello, ARBA, Asociación Ecologista del Jarama “El Soto”, GRAMA, Jarama Vivo y Liberum Natura, exigen al Ministerio para la Transición Ecológica y a la Comunidad de Madrid, una planificación previa al despliegue de energías renovables en la región. En esa planificación debe priorizarse y empezarse por la implantación de proyectos de autoconsumo. En la región hay 83.982 hectáreas de suelo con usos urbanos, es urgente estudiar la capacidad de implantación de placas fotovoltaicas en tejados y parcelas disponibles.

Por otro lado, la ciudad de Madrid tiene suelo clasificado como urbano y urbanizable, destinado a la especulación urbanística que, por solidaridad con el sureste, podría destinar a albergar estas instalaciones. Por ejemplo la zona del vertedero de La China, los terrenos de Valdecarros y el entorno del Parque Tecnológico de Valdemingómez que suman una superficie de 1.985 hectáreas, podrían albergar este tipo de instalaciones. A esta superficie se le podría sumar 70 hectáreas más del ámbito UNP-4.01, en torno a la ciudad deportiva del Real Madrid, en Valdebebas. En total, más de 2000 hectáreas.

Los municipios más ricos de la corona noroeste también podrían aportar suelo para estos usos. Por ejemplo Boadilla del Monte y Pozuelo de Alarcón disponen de suelo al este de la M-40, en torno a la exclusiva urbanización La Finca. Son los ámbitos AU-2 Calle miguel Ángel Catero Oliva, en Boadilla del Monte y  UZ-2.4-03 Área Pozuelo Oeste, Los sectores UZ-2.4-03, UZ-2.4-02, UZ-2.4-01 denominados Nuevos Sector de Empleo y  UZ-2.4-02 Huerta Grande, entre la M-40 y el caso urbano de Pozuelo de Alarcón y el oeste y sur de la Ciudad Deportiva el Valle de las Cañas, próximo a la urbanización La Finca. De esta manera se llegaría a 400 hectáreas a las que se podría sumar las 93 hectáreas del ámbito UZ-3.7-01 Casablanca que alberga el campo de golf de Retamares. Si se está comprometiendo suelo agrícola, estaría justificado que un campo de golf de élite cediera sus suelos para albergar instalaciones fotovoltaicas, por no hablar de los lagos de la urbanización La Finca que podrían instalar placas flotantes. En Total, casi 500 hectáreas.

Majadahonda también cuenta con suelo que podría ser destinado a la producción de energía renovable, en concreto el PAU-2 Las Fuentes, próximo al hospital Puerta de Hierro y el Arco oeste, en el límite del caso urbano. En total 215,56 hectáreas.

Pero además se cuenta con una gran superficie en el entorno y en las medianas de las autovías y autopistas de la región (M-40, M-45. M-50 y las cinco radiales), se podrían obtener hasta 134 hectáreas más.

La suma total alcanzaría una superficie de 2.849,56 hectáreas.

En definitiva, los colectivos ecologistas ARBA, Asociación Ecologista del Jarama “El Soto”, GRAMA, Jarama Vivo y Liberum Natura consideran que poniendo en marcha proyectos de autoconsumo sobre los tejados del suelo urbanos de las grandes ciudades madrileñas y estudiando el suelo disponible, podría restarse carga a las zonas agrícolas del sur de la región que actualmente funcionan como zonas de sacrificio. Se trataría de distribuir la carga de los suelos sobre los que desarrollar los parques de energías renovables, por la región, incidiendo en aquellas zonas donde más consumen. Para ello es imprescindible una moratoria para evitar que la destrucción del suelo productivo agrícola del sur sea irreversible.